En la edición de Mayo 2010 de la Revista Íconos, Isabel Ramos de la FLACSO Ecuador comenta sobre el discurso publico en torno a la ley de comunicación. Según Ramos, aunque el debate publico se ha centrado en los controles sobre la libertad de expresión que la nueva ley pondría en efecto, poco se ha hablado del control sobre los medios que ejercen los monopolios:

Ecuador es uno de los países latinoamericanos con mayor concentración en la propiedad de los medios gráficos y audiovisuales.

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Según datos recabados en 2006 por el Programa de Estudios de la Comunicación de FLACSO-Sede Ecuador, cuatro grupos empresariales: Mantilla Ortega, Mantilla Anderson, Pérez Castro y Martínez Merchán reúnen más del 70 por ciento de medios gráficos con cobertura nacional.

[…]

por lo menos cuatro concesionarios controlan canales de VHF en prácticamente todo el país (entre 21 y 23 provincias)”, mientras que siete concentran frecuencias > radiofónicas en diez provincias

Isabel Ramos, Mucho ruido y pocas nueces: cobertura mediática y participación ciudadana en el debate de la nueva ley de comunicación en Ecuador

Seguramente para los medios privados la libertad de expresión es su derecho a libremente publicar sus opinión. Sin embargo, existe ya un control _de facto _sobre la totalidad de la opinión. Estas pocas compañías son las únicas que están en posición de expresar opiniones. He ahí la razon por el gran escepticismo con el que se ha recibido la implementación de los medios públicos.

Muy acertadamente, los comentarios de Isabel Ramos apuntan hacia el discurso público en torno a la creación de la nueva ley de medios, en el que se ha discutido mucho sobre los controles que el estado ejercería sobre los medios. Poco se ha hablado, sin embargo, sobre el control de la distribución de los medios. El público distraido convenientemente hacia una discusión sobre el control de los medios privados no se percatará de las inmensas barreras impuestas a una eventual moción para equitativamente redistribuir el control sobre la opinión. No nos equivoquemos: el monopolio privado sobre la opinión es mucho más dañino a la libertad de expresión que unas cuantas reglas de juego para determinar que tipo de acusaciones son difamación.